De Stroessner a Alliana: las grandes fracturas que marcaron al Partido Colorado

La decisión de Horacio Cartes de retirar su respaldo presidencial a Pedro Alliana abrió una nueva disputa dentro del oficialismo. Desde los últimos años de la dictadura, las grandes luchas por la conducción y la sucesión colorada desbordaron varias veces las internas partidarias y terminaron alterando el poder nacional.

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Historia 14/10/26

Pedro Alliana comenzó este martes 13 de octubre sabiendo por Santiago Peña que Horacio Cartes había decidido dejar de respaldarlo como candidato presidencial de Honor Colorado para 2028. Horas después fue hasta la residencia del expresidente y recibió la confirmación personalmente: el elegido de Cartes pasaba a ser Juan Carlos Baruja.

Alliana, sin embargo, no renunció a su aspiración presidencial. Mientras analiza desde qué espacio continuará su candidatura, los 15 gobernadores colorados expresaron su respaldo y algunos adelantaron que lo acompañarían incluso fuera de Honor Colorado.

La escena abre una incógnita dentro del movimiento que domina actualmente el Partido Colorado. Pero no es inédita. Las disputas por la sucesión y el control partidario atraviesan la historia reciente de la ANR y, en sus momentos más críticos, tuvieron consecuencias mucho mayores que determinar quién controlaba la Junta de Gobierno.

La historia puede remontarse incluso a los últimos años de Alfredo Stroessner.

La fractura que precedió a la caída de Stroessner

La división interna del coloradismo ya era visible a mediados de los años ochenta. Dentro de la ANR se enfrentaban principalmente los militantes stronistas, partidarios de preservar el liderazgo y la estructura de poder construida alrededor de Stroessner, y los tradicionalistas, que buscaban recuperar espacios dentro del partido y disputar la sucesión.

La confrontación adquirió estado público en la Convención colorada de 1984 y fue profundizándose durante los años siguientes. El quiebre decisivo llegó en la Convención del 1 de agosto de 1987, cuando los militantes se hicieron con el control partidario y desplazaron a los tradicionalistas.

El triunfo parecía consolidar todavía más al stronismo. Ocurrió lo contrario.

La disputa comenzó a repercutir también dentro de las Fuerzas Armadas, inseparables del sistema de poder construido durante la dictadura. El general Andrés Rodríguez, uno de los hombres más poderosos del régimen, estaba vinculado al sector tradicionalista.

La crisis partidaria no explica por sí sola el final de Stroessner. Al deterioro interno se sumaban factores económicos, políticos, internacionales y militares. Pero la fractura colorada fue uno de los elementos que erosionaron la estructura político-militar sobre la que descansaba el régimen.

El 2 y 3 de febrero de 1989, Rodríguez encabezó el golpe que derrocó a Stroessner después de casi 35 años en el poder. Los tradicionalistas recuperaron el control partidario y los principales dirigentes militantes fueron desplazados.

La primera gran fractura de esta historia terminó así con el propio jefe del régimen fuera del país.

El ex presidente Alfredo Stroessner y el Gral. André Rodríguez. Foto: Gentileza.

Los noventa: una guerra colorada que duró casi una década

La caída de Stroessner no terminó con las luchas internas. Apenas cambió sus protagonistas.

En las internas presidenciales del 27 de diciembre de 1992, Juan Carlos Wasmosy, respaldado por el gobierno de Andrés Rodríguez, se enfrentó principalmente a Luis María Argaña.

Wasmosy fue proclamado candidato y posteriormente ganó la Presidencia de la República en 1993. Pero lo ocurrido en aquella interna quedó bajo sospecha durante años.

En 2008, Juan Carlos Galaverna reconoció públicamente su responsabilidad en el fraude que perjudicó a la dupla Argaña-Ybáñez. La Justicia no estableció posteriormente mediante sentencia que Argaña hubiese sido el ganador, pero la admisión convirtió aquella elección en uno de los episodios más controvertidos de la historia electoral colorada.

La disputa tampoco terminó allí.

Otro actor comenzó a adquirir peso propio: Lino Oviedo, general que había participado del golpe de 1989.

En abril de 1996, el enfrentamiento entre Wasmosy y Oviedo desencadenó una grave crisis militar cuando el presidente intentó pasarlo a retiro y el general se resistió inicialmente a abandonar su posición.

Oviedo terminó fuera de las Fuerzas Armadas, pero trasladó su poder al terreno electoral.

En las internas coloradas del 7 de septiembre de 1997 obtuvo 231.737 votos, frente a 220.525 de Argaña y 141.692 de Carlos Facetti. Oviedo había derrotado al argañismo y conquistado la candidatura presidencial.

Nunca llegó a competir por la Presidencia.

Su condena por la crisis militar de 1996 terminó apartándolo de la carrera electoral. Su compañero de fórmula, Raúl Cubas, pasó a encabezar la chapa y ocurrió una de las paradojas más grandes de aquella disputa: Argaña, derrotado por Oviedo en las internas, terminó como candidato a vicepresidente de Cubas.

La fórmula ganó las elecciones de 1998, pero la convivencia entre ambos sectores resultó explosiva.

El 23 de marzo de 1999, Argaña fue asesinado. El crimen desencadenó una crisis política y movilizaciones que culminaron en el denominado Marzo Paraguayo. Tras la muerte de manifestantes y ante el avance de un juicio político, Cubas renunció a la Presidencia y Oviedo salió del país.

En menos de siete años, una disputa que había comenzado por una candidatura presidencial atravesó elecciones, una crisis militar, el Ejecutivo y el Congreso y terminó en una de las mayores crisis institucionales de la transición democrática.

Y aun así, el Partido Colorado permaneció en el poder.

El ex presidente Juan Carlos Wamosy y el Gral. Lino Oviedo. Foto: Gentileza.

Nicanor, Castiglioni y la ruptura antes de la primera derrota

La siguiente gran fractura tuvo un desenlace diferente.

Durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, su vicepresidente Luis Castiglioni aspiraba a sucederlo. Pero Nicanor eligió respaldar a la entonces ministra de Educación, Blanca Ovelar.

Castiglioni rompió con el oficialismo y disputó la candidatura desde Vanguardia Colorada.

Las internas del 16 de diciembre de 2007 fueron extremadamente cerradas. Tras el juzgamiento electoral partidario, Ovelar fue proclamada vencedora por apenas 3.934 votos.

Castiglioni denunció fraude y rechazó el resultado. A diferencia de lo ocurrido en 1992, sin embargo, no existe evidencia equivalente que permita afirmar como hecho comprobado que aquella interna haya sido fraudulenta.

La fractura sobrevivió a las elecciones partidarias.

Cuatro meses después, el 20 de abril de 2008, Fernando Lugo derrotó a Ovelar y puso fin a 61 años consecutivos de gobiernos colorados.

Sería excesivo atribuir aquella derrota exclusivamente a la disputa interna: Lugo había conseguido articular una alianza opositora competitiva y el gobierno arrastraba su propio desgaste. Pero la ANR llegó profundamente dividida a la elección que terminó sacándola del Ejecutivo.

Otra vez, una lucha por la sucesión había terminado produciendo consecuencias más allá del partido.

El ex presidente Nicanor Duarte Frutos y Luis Castiglioni. Foto: Gentileza.

Cartes y Mario Abdo: una derrota que no fue definitiva

La historia volvió a repetirse, aunque con un desenlace diferente, durante el gobierno de Horacio Cartes.

La ruptura con el sector encabezado por Mario Abdo Benítez estuvo atravesada por la tentativa de habilitar constitucionalmente la reelección presidencial. La disputa por la enmienda dividió al coloradismo y produjo en 2017 una de las mayores crisis políticas de aquellos años.

Una vez enterrada la posibilidad de reelección, la confrontación continuó en las internas.

Cartes respaldó a Santiago Peña. Mario Abdo encabezó Colorado Añetete y lo derrotó en diciembre de 2017. Después ganó las elecciones generales de 2018 y llegó a la Presidencia.

Parecía otra derrota del sector que había controlado el Ejecutivo.

Pero esta vez hubo revancha.

En diciembre de 2022, Cartes y Abdo se enfrentaron directamente por la presidencia del Partido Colorado. El resultado final juzgado por el Tribunal Electoral Partidario fue de 607.077 votos para Cartes y 458.302 para Abdo.

Al mismo tiempo, Santiago Peña derrotó al candidato del oficialismo abdista, Arnoldo Wiens: 619.940 contra 527.086 votos.

Peña ganó posteriormente las elecciones generales de 2023.

La secuencia demuestra una diferencia importante respecto de otros episodios: una derrota en una interna colorada no necesariamente significa el final político de una facción. Cartes perdió la sucesión presidencial en 2017 y cinco años después recuperó el control partidario.

Los ex presidentes Mario Abdo Benítez y Horacio Cartes. Foto: Gentileza.

Ahora, Cartes y Alliana

Ese antecedente adquiere otra dimensión con lo ocurrido esta semana.

Hasta hace apenas un mes, el esquema impulsado desde Honor Colorado situaba a Pedro Alliana como candidato presidencial y Juan Carlos Baruja como su eventual vicepresidente para 2028.

Ahora los papeles cambiaron.

Según relató el propio Alliana, primero conoció a través del presidente Santiago Peña que Cartes había decidido modificar su respaldo. Este martes fue posteriormente hasta la residencia del titular de la ANR, donde recibió de él la confirmación: Baruja es ahora el elegido de Cartes para encabezar el proyecto presidencial de Honor Colorado.

Alliana decidió no retirarse.

Su desafío todavía está en construcción. No anunció formalmente un nuevo movimiento ni definió bajo qué estructura disputará la candidatura presidencial. Pero recibió el respaldo público de los 15 gobernadores colorados, introduciendo una variable que convierte la decisión de Cartes en algo más que un simple cambio de candidato.

Pedro Alliana, Horacio Cartes y Santiago Peña. Foto: Gentileza.

Todavía es demasiado temprano para saber si el conflicto terminará negociándose dentro de Honor Colorado, producirá una nueva corriente interna o desembocará en una ruptura de mayores dimensiones.

La historia tampoco permite anticipar quién terminará imponiéndose.

Lo que sí muestra es que las grandes disputas coloradas pocas veces terminaron donde comenzaron.

La fractura entre militantes y tradicionalistas atravesó las Fuerzas Armadas antes de la caída de Stroessner. Las guerras internas de los noventa alcanzaron al Ejército, el Ejecutivo y el Congreso antes de desembocar en la crisis de 1999. La división de 2007 precedió a la primera pérdida de la Presidencia en seis décadas. Y la pelea entre Cartes y Mario Abdo demostró que una facción derrotada puede reorganizarse y recuperar años después el control del partido.

Treinta y nueve años después de aquella Convención de 1987, el Partido Colorado vuelve a entrar en una disputa por la sucesión.

Esta vez, con dos hombres que hasta ahora pertenecían al mismo proyecto político.

La incógnita ya no es solamente quién será el candidato de Honor Colorado en 2028, sino hasta dónde llegará la ruptura entre Cartes y Alliana y cuánto del mapa de poder colorado puede cambiar con ella.